

En los últimos meses he estado a cargo de asesorar una tesis bastante compleja y controversial en cuanto a la densidad del proyecto, Tesis realizada por Jesus Riojas, Santiago Martínez, Miguel Estrada, Pedro Velazquez y Alejandro Maldonado, con nombre Vivienda multifamiliar para trabajadores en el área Metropolitana de Monterrey, hace días me encontré con las fotografías de Michael Wolf, donde se observa como podría o es la alta densidad, las fotografías de Wolf, muestran a los edificios sin referencia al suelo o al cielo, acentuando su volumen, y escala gigantesca. Aunque uno podría pensar como se pierde la identidad en algo tan grande, si se observa con cuidado se llega a observar las pequeñas intervenciones del usuario en sus viviendas y el proceso de apropiación del espacio publico convirtiéndose en privado. Dando un dinamismo peculiar a estas fachadas.
En siguiente un extracto de la tesis que habla de la densidad problemas-soluciones-ideas.
Para Eric Scoffmann y Brenda Vale no se puede prescribir una densidad residencial, pues una misma densidad puede contener una variedad de formas de edificación que de manera física y psicológica pueda ser ya sea compacta o suelta, urbana o suburbana, intensa o difusa. Lo que más importa es la manera en que las funciones residenciales son acomodadas y que puedan proveer flexibilidad y adaptabilidad.
De igual manera, Kevin Lynch relata que no se puede decidir cierta densidad como “la ideal”. Debajo de cierto número encontramos dificultades de comunicación física y social; por encima de cierto número conlleva a problemas de congestionamiento. Dentro del rango de tolerancia se encuentran ciertos tipos de desarrollos que podrían ser los mejores para ciertos grupos sociales. Hay una relación entre la densidad apropiada y el tamaño total.
“Cuando un planificador habla acerca de incrementar un área de 15 a 100 unidades por hectárea es muy difícil saber a que se refiere hasta no traducir esos números a una imagen específica. Lo que le importa a la gente es el sentimiento de vecindario, no sus cifras crudas.” - David Sucher, autor de City Comforts: How to create an urban village.
Jane Jacobs también coincide en que no existe una densidad apropiada, pues es más cuestión del funcionamiento. No puede estar basada en abstracciones de cantidades del suelo que debe asignarse a cada habitante.
Ciertamente, los sitios más interesantes son los más densos, no hay duda. Pero la densidad en realidad es sólo un subproducto del intento de las personas de estar en el mismo lugar del cual todos hablan. Uno no empieza con densidad. Uno termina con densidad por que un lugar es diverso e intriga y las personas quieren estar ahí.
La “Ciudad Jardín” de Ebenezer Howard de 1898, como respuesta a los desarrollos densos del siglo XIX, proyectaba 45 viviendas por hectárea. Si promediamos cuatro camas por casa (cuatro habitantes), obtenemos 180 camas por hectárea. En Londres de la postguerra (1944), Patrick Abercrombie propuso tres densidades en zonas residenciales: 247, 336 y 494 personas por hectárea. En comparación, la densidad promedio neta residencial en Singapur en los 70’s era de 1,000 personas por hectárea y la densidad actual de Kowloon, Hong Kong, es alrededor de 5,000 personas por hectárea.
Los altos apartamentos de alta densidad que comenzaron a desarrollarse en Inglaterra después de la Segunda Guerra Mundial fracasaron debido al mal manejo de parte del, en aquél entonces, Ministerio de vivienda, y las políticas de subsidio de las autoridades dejándose llevar por los resultados numéricos. El fracaso de dichos desarrollos, los cuales apenas y llegaron a la densidad propuesta por Abercrombie de 494, se asocia a la mala relación entre los términos “edificaciones de altura” y “alta densidad”; los desarrollos en Singapur y Hong Kong, con densidades hasta tres veces más grandes no presentaban ninguna problemática. Richards, observó que el problema no era la congestión, sino la pobreza.
Las unidades de vivienda tienen que intensificar el uso de suelo también, por razones que van más allá del costo de la tierra. Las altas densidades de vivienda tienen una mala reputación en la planificación ortodoxa y las teorías relativas de vivienda. Supuestamente conlleva a muchas dificultades y finalmente al fracaso. Pero esta correlación entre las altas densidades y las problemáticas o las altas densidades y los tugurios, simplemente no aplican en realidad en nuestras ciudades.
Los vecindarios más exitosos son los que más densidad de vivienda presentan, y los vecindarios que fracasan tienden a tener menos de la mitad de la densidad de aquellos que sí funcionaron. Y esto se debe a una confusión que se presenta entre los planificadores urbanos.
Existe la tendencia de confundir los términos “alta densidad de viviendas” con “hacinamiento en viviendas”. Cuando dos o tres familias están viviendo en una misma vivienda, obtienes un tugurio, cuchitril, tabuco, antro, etc., y nadie quiere estar ahí dentro. Eso es una alta ocupación de vivienda, o “hacinamiento en la vivienda”. El hacinamiento no tiene nada que ver con el número de viviendas en un área de suelo, y en la vida real las altas densidades no tienen nada que ver con hacinamiento.
Pero cuando el número de personas por vivienda es confortable, y es en un vecindario deseable y donde la gente vive feliz, entonces no hay ningún problema con la alta densidad de población. De hecho, será algo inevitable, pues todos querrán vivir ahí. Y tiene sentido construir más vivienda para los nuevos habitantes que quieran vivir cerca de ese lugar tan atractivo.
La inclusión de cierta medida estadística influyó en esta confusión: el número de habitantes por hectárea. Estas cifras nunca te dicen cuantas viviendas, o cuantos cuartos, hay en una hectárea. Es ridículo el decir que una densidad de 2000 habitantes por hectárea es una monstruosidad. No es lo mismo el que vivan 800 personas en 200 viviendas por hectárea, a que vivan esas mismas 800 personas, en 100 viviendas por hectárea. La densidad de población es la misma, pero definitivamente las condiciones de vivienda no lo son.
La diversidad y todos sus beneficios deben estar ligados a ciertas condiciones tolerables de vivienda, en el caso de proporcionar suficientes viviendas para suficientes personas. De hecho el hacinamiento en bajas densidades puede ser más degenerativo que el hacinamiento en altas densidades, por que en bajas densidades hay menos vida en los espacios públicos que sirven como diversión y escape.



























